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Acerca de la eficacia explicativa del concepto de Estado híbrido en México

Luis Méndez

Hace ya algún tiempo que insisto en señalar que el efecto más nocivo de la entrada de México a la nueva modernidad capitalista ha sido la construcción de un Estado híbrido consecuencia de un dramático descuido institucional. En varios artículos, capítulos de libros y libros específicos he tratado de explicar, en primer lugar, el porqué de esta denominación conceptual; en segundo lugar, advertir sobre un conjunto de hechos políticos específicos que aglutinan un sinnúmero de acontecimientos concretos que desde hace casi 36 años apoyan esta tesis de hibridez del Estado mexicano; y, en tercer lugar, señalar cómo en este conflictivo tiempo de cambio el orden institucional no logra armonizarse, nuestra modernidad adquiere la significación de subordinada, nuestro territorio muestra un singular fenómeno de deslocalización y desterritorialización, y el imaginario social pierde su viejo carácter instituido sin el impulso creador de un nuevo instituyente1. Ahora, con este artículo, pretendo indagar hasta dónde esta situación de hibridez institucional le resta eficacia explicativa al concepto de Estado para revelar y justificar la práctica política; de qué manera pierde fuerza ideológica para legitimar las ilegítimas acciones de la clase política que, desde diciembre de 1982, ejerce el poder en México.

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